Opinión

Elogio de la memoria

No tengo claro si la memoria es una potencia del alma o una virtud teologal, yo soy de ciencias, en cualquier caso, la memoria está hoy muy desprestigiada, esto sí que es cierto, es decir, desmemoriada, por no decir perseguida y pasando un mal rato.

Como ustedes saben hoy es cosa horrible y muy fea mirar hacia atrás, hacia el pasado, aunque sea con el mejor ánimo de interpretar y guiar con buen tino el futuro. Más que virtud, está habilidad de la mente se considera pecado.

Cosas de la posmodernidad rara (y rancia) que padecemos.

Se nos advierte incluso con el ejemplo bíblico de la mujer de Lot, que quedó hecha estatua de sal por mirar hacia atrás, curiosa como toda mujer, incluida Eva. Y por tanto, su ejemplo terrible nos reconviene no solo contra el ejercicio de la memoria, útil para no tropezar dos veces en la misma piedra, sino también contra la curiosidad, madre de la ciencia.

Ejemplo este que, como metáfora, deja mucho que desear porque la mujer de Lot miró hacia atrás en el espacio y aquí de lo que se trata es de la conveniencia o no de mirar hacia atrás en el tiempo.

Diríase que por intereses del tiempo que nos ha tocado vivir y sus protagonistas, cada día hemos de nacer nuevos e inocentes (ex novo) y de la nada (ex nihilo), sin historia ni biografía, sin causa ni efecto, o sin más efecto que la estulticia desmemoriada, lavados de cerebro.

Sin embargo conviene decir que entre los animales que pueblan la Tierra, podemos distinguir -grosso modo- animales superiores y animales inferiores.

Sin duda la memoria dúctil y flexible es facultad que aparece en los animales situados más alto en esta escala (superiores). De los animales situados en posiciones más ínfimas cabe presumir que carecen de ella, o como mucho la tienen impresa en forma de circuito rígido que cristaliza en instinto. Estarán por ello más abocados a repetir que a innovar.

Una lagartija, más o menos ha hecho siempre lo mismo, sin embargo un chimpancé puede aprender y generar una cultura, porque tiene la habilidad de recordar.

El chimpancé adulto (en determinados grupos de chimpancés más despiertos) recuerda que de niño vio a su madre o a su padre romper nueces con una piedra, o pescar termitas con una rama, y registrada tal habilidad en la memoria pudo después repetirla o perfeccionarla, y compartirla con los más próximos. Y lo mismo sirve la memoria para la adquisición de los bienes que para la evitación de los males, e idénticas reflexiones podemos hacer del animal individual que del animal colectivo (la sociedad) y su historia.

Una sociedad sin memoria es una sociedad desmadejada, inferior, más torpe.

Llega hasta tal punto la histeria contra la historia, que se presupone (necio prejuicio) que toda memoria, per se, es rencorosa (¿por qué?) y no el instrumento más eficaz para no reincidir en los errores de antaño, que a veces son de bulto.

José Múgica, expresidente de Uruguay, que estos días está en la Mostra de Venecia, donde se presentan dos cintas sobre su vida, incluida su etapa de cautiverio por la dictadura, ha dicho: "Lo mejor de la vida es el mañana", y ese optimismo vital y joven asienta sobre una memoria capaz de reconocer la barbarie, la tortura, el cautiverio. 

El rencor no viene de la habilidad de reconocer la barbarie, el rencor viene de la barbarie.

Y es la memoria fecunda y ágil de José Múgica la que le permite "reconocer" las trampas de la demagogia y afirmar que el término "populismo", en su opinión, se usa "para un barrido y un fregado", para "todo lo que molesta". 

Utilidades de la memoria, capaz de reconocer la barbarie y la demagogia. Como vemos, sus beneficios no son pocos.

Los más forofos enemigos contra esta habilidad retrospectiva de la mente, potencia superior del alma, deben suponer que el pasado es un pozo de sapos y culebras, y que no mirarlos es no verlos, lo cual es cierto, pero esto propicia también el no reconocerlos. Esto es más grave.

No reconocer los monstruos del pasado cuando se presentan en el presente, no puede ser bueno, digan lo que digan. Y además ¿que sería del esforzado pan de los historiadores si se prohíbe su trabajo, la memoria? 

Los más sabios de este gremio memorioso recomiendan "enfriar la historia", parece sensato, pero no anularla.

Esto de anular o borrar la Historia parece no solo difícil (aunque no imposible), sino que amenaza con convertirnos a nosotros en repetidores torpes del ayer, sin aprobar nunca el examen del futuro. 

¿Quien no reconoce en el momento presente un esquema de hechos muy parecido al de ayer?

Pensemos en los años 30, los años del crack y la Gran depresión:

Lo que vemos allí (gracias a la memoria) es desregulación económica, impunidad libérrima del delito económico y otros fraudes anexos, especulación desatada y sin control, los dueños del dinero imponiendo sus intereses y sus prácticas mafiosas a los políticos y al gobierno, corrupción y descrédito de las instituciones, estafa global, quiebra económica, gran depresión, desigualdad extrema, pobreza, tensiones, violencia, fascismo...  y finalmente guerra. No una guerra cualquiera, una Guerra Mundial.

En aquella época, la derecha en el gobierno de Estados Unidos (durante doce años), tan parecida a la que hoy padecemos y sufrimos, adoraba y rendía pleitesía al mercado como a un dios salvaje al que un gobierno no tiene nada que decir.

En medio de la catástrofe y la miseria sobrevenida, por una ideología rancia que remozamos hoy, un grupo de chabolas en Central Park recibió el nombre -irónico- de Hooverville, en honor (léase deshonor) del último presidente "desregulador" y selvático, Herbert Hoover, del partido republicano.

En resumen, precipitada la crisis por la ideología de la desregulación y sus trampas, quedaron al descubierto y visibles para todos "los bajos fondos en las altas esferas. Hoy podríamos decir lo mismo".... se afirma en el documental sobre la Gran depresión que adjunto a este artículo. 

Luego llegó Roosevelt e intentó poner orden en la selva, quizás demasiado tarde.

Contemplemos ahora nuestro tiempo y la renovada estafa, fruto de la desmemoria y la relajación festiva ¿Que observamos?:

Desregulación libérrima del delito económico y el fraude, impunidad de los paraísos fiscales, especulación desatada y sin normas, gobiernos serviles y corruptos a las órdenes del dinero, descrédito institucional, estafa global y quiebra de muchos, miseria, desigualdad llevada al extremo, violencia, fascismo.... la caza del inmigrante.

Y lo que es peor: la misma inercia ante el desastre y la misma lentitud en la respuesta.

¡Deja vu!

El problema que hoy tenemos en España (y por extensión en Europa) es que PP, PSOE, y CIUDADANOS representan una misma cosa, que no es otra que la ideología radical que cristalizó en HOOVERVILLE y reincidió en la última estafa. Y eso deja muy poco margen para la esperanza. Esto no puede ser bueno.

Si los nuevos fascistas y los renovados xenófobos tuvieran pizca de memoria, no estarían a la caza del inmigrante (incluso en Alemania), el nuevo judío, sino que con un mínimo de sensatez y ayudados de la memoria, virtud del alma despierta, acertarían con el origen y naturaleza de sus males, que en gran medida está dentro de ellos mismos.

Lo suyo es el odio como método y doctrina. Ese es su instinto. No dan para más. Ya saben: ¡La mística de la violencia!

Claro que esto de llamar "místico" al instinto más bajo y lúgubre de la bestia no deja de ser una paradoja.

En otro orden de cosas, pero sin salirnos del tema, si tiramos del hilo del ovillo del lío catalán (en su última edición) ¿que encontramos en el otro extremo? 

Pues encontramos una corrupción pactada, consensuada, constitucional y unida, casi diríamos compinchada en torno a porcentajes definidos de mordida (el 3%, etc.), de aquí y de allí, de los Hunos y los Otros, de ámbito nacional, consentida y alimentada durante décadas, sin delimitación de fronteras ni conflicto de identidades mientras duró la juerga, sin más nación ni bandera que el dinero fácil, y una huida final y precipitada hacia delante en forma de separatismo repentino y reacción central. De los Hunos y los Otros. En perfecta simbiosis disolvente. 

Pero para esto, memoria. Que es tan breve que ya no recordamos que los protagonistas del conflicto presente (de aquí y de allí) eran mayormente políticos corruptos, y en otro tiempo cómplices. Como lo son de hecho, todos aquellos que dieron a la corrupción amplia excusa o permanecieron mudos.

Registremos en la memoria los inconvenientes de no atajar la corrupción a tiempo, y cómo de un hilo de desidia en este tema puede surgir todo un ovillo de problemas insolubles.

Recién sobrevenida la estafa global, siamesa de aquel otro crack, aborto del mismo catecismo, algunos gerifaltes del régimen (Zapatero, Sarkozy...) tuvieron un ataque de memoria, es decir, de remordimiento (el remordimiento es otra forma de memoria) y dijeron, un tanto asustados y remordidos, que había que reformar el capitalismo, que había que refundar Europa... cosas así.

La memoria y el susto les duró poco, y hoy, como todos los demás gerifaltes, predican la desmemoria y la austeridad, aunque no la de ellos, claro está.

Esto de llamar "austeridad" (en si una virtud) a conformarse dócilmente con la estafa repetida (en si una debilidad), es otro efecto de la desmemoria. 

Donde hay desmemoria hay que inventar nuevos lenguajes, y proporcionar un nuevo sentido a palabras viejas y nobles. Estamos de estreno.

En resumen, ¡nada nuevo bajo el sol! Pero para saberlo, hay que poder recordar. Y a esto nos ayudan los historiadores, servidores de la memoria, potencia del alma. Casi diría virtud teologal, que rima con esperanza.