Opinión

El poder político está más fragmentado pero el poder económico se ha concentrado

Basta ver lo que sucede en la banca española como botón de muestra. La ministra Nadia Calviño supedita a la ausencia de shocks externos negativos la fase expansiva de la economía española. Pero, aunque ella no lo dice, no hay que descartar que algunos shocks sean internos.

Bolsa de Madrid
photo_camera Bolsa de Madrid

La crisis política actual tiene una profunda raíz económica, que germinó con la quiebra en Estados Unidos del gigantesco banco de inversión Lehman Brothers. Han pasado 10 años y el populismo, como alternativa a los partidos tradicionales en las grandes democracias, es tal vez la consecuencia más visible. Pero hay más derivadas de la Gran Recesión que activó la caída de Lehman Brothers: las guerras comerciales, la salida del Reino Unido de la Unión Europea, los rescates de varios países de la eurozona, el ascenso definitivo de China, ahora una superpotencia, etcétera.

El crash de 2008 fue de tal envergadura en Estados Unidos que en apenas una hora se retiró dinero por valor de 550.000 millones de dólares y solo el primer paquete de ayudas al sistema financiero ascendió a 700.000 millones de dólares. Algo equivalente a que se hundiera la mitad de un país como España, si tenemos en cuenta su PIB.

En España la Gran Recesión dejó también su sello, agrandado por factores internos. Desempleo, pobreza y desigualdad fueron el caldo de cultivo del movimiento de indignados, que derivó en el populismo como alternativa de urgencia a la crisis de representación. Tampoco fue casual el carácter emergente del independentismo catalán, bajo el sueño de una nueva república convertida en paraíso independiente. A la vez, en la economía, sectores como la construcción y las cajas de ahorros se vinieron abajo.

Ahora, el poder político está más fragmentado pero el poder económico se ha concentrado: basta ver lo que sucede en la banca como botón de muestra.

¿En qué punto estamos? Las cosas van, pero no van bien, al menos en España. Dicho en palabras de la propia ministra de Economía, Nadia Calviño, los principales indicadores macroeconómicos confirman "la solidez del crecimiento" pero "ni mucho menos podemos caer en la complacencia".

Parte de las soluciones estarán en función de lo que aquí se haga –deuda, paro, déficit... sobresalen entre las asignaturas pendientes–, pero son igualmente imprescindibles medidas que dependen de la Unión Europea, sin perder de vista la evolución de los mercados. Por si acaso, conviene extremar las cautelas ante el precio del petróleo, el coste de la energía, los tipos de interés, etcétera.

La ministra Calviño supedita a la ausencia de shocks externosnegativos la fase expansiva de la economía española. Pero, aunque ella no lo dice, no hay que descartar que algunos shocks sean internos.