12/11/2006.- Si usted es de natural jovial y jacarandoso y acostumbra a silbar en la ducha ándese con ojo. O se pone a estudiar solfeo y composición o ya puede subir el volumen de la radio para que no le oigan. En caso contrario es muy posible que una mano emerja del desagüe (acuérdese de Carrie, qué canguelo) y le agarre sus huevecillos o similar hasta que suelte la pasta por los derechos de autor de la coplilla que hasta entonces entonaba despreocupado.
Sí, llámenme exagerado, pero pregúntenle a un anciano japonés al que han detenido por tocar con una armónica canciones de los Beatles en un garito. Y no porque lo hiciera pésimo ya que, por lo menos, es evidente que reconocieron el tema del cuarteto de Liverpool que le ha costado el disgusto. Al hombre no le debía llegar la pensión y se buscaba la vidilla de ese modo hasta que un emisario de la Sociedad de Autores nipona, un Teddy Bautista cualquiera con ojos rasgados y conocimientos de karate, se abalanzó sobre él y se lo llevo a la comisaría. La cosa se pone fea.
Si usted se embolinga, que en su derecho está, llévese en el bolsillo unas partituras con obra propia porque como se le ocurra arrancarse con el ‘Asturias patria querida’ sepa que se arriesga a dormir la mona en el trullo. No por intoxicación etílica sino por hurtar los derechos al eximio poeta que alumbró ese enorme himno. Digo yo que si tan estrictos se ponen a ver si hay suerte y organizan una redada de tunos ¿Cómo pueden escamotear estos individuos los euros al creador de Clavelitos? Es más, ¿cómo es posible que no acabara el propio autor desterrado por perpetrar semejante adefesio musical?
Aquí lo que hay es mucha manga ancha con algunos y estrecha con la mayoría. Por los mismos motivos que se detiene a un intérprete de temas ajenos también se podría entrullar a compositores de temas propios. A los primeros por escaquear los derechos de unos y a los segundos por atentar contra la salud pública de los otros.
¿Cómo es posible detener a alguien por canturrear el baile del pañuelo y no haber hecho lo propio con Dantés cuando lo registro en la propiedad intelectual? Intolerable pero cierto. A la misma altura que las obras completas de Ortega y Gasset. Con dos cojones o con un par de ovarios. No seré yo quien ponga en duda el derecho de los autores a rentabilizar su obra (yo, sin ir más lejos, me he comprado un Frigopié con los réditos de mi primera novela) pero un poquito de mesura por Dios. A este paso, los niños de San Ildefonso en vez de cantar la lotería nos van a tener que indicar los números por señas. Qué exceso de celo.
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