Epidemia de abrazos

Publicado el 6 de marzo de 2026, 22:01

04/11/2006.- Si un día de estos va por la calle y alguien se acerca con los brazos abiertos procure no pegarle una patada en sus partes pudendas ni mentarle a su madre para poner en duda su honorabilidad. Quedará usted fatal a ojos del mundo. Se puede entender su desconfianza ante ese elemento sorpresivo, pero sosiegue su pronto por lo que más quiera. Es la última moda. Abrazos gratis. El mérito de ser el pionero de esta epidemia de achuchones se lo lleva un australiano, aunque mucho antes que a él a más de uno he visto yo abrazar hasta a la estatua de La Violetera que ya hay que tener ganas con lo fría que está y lo fea que es. En estado de bolinguez extrema, eso sí, pero cariñosón.

El ciudadano oceánico se encontraba una noche apesadumbrado en una fiesta y una desconocida se acercó a él y, sin mediar palabra, le abrazó. Confiesa que se sintió tan reconfortado, jura y perjura que sólo fue un abrazo, que al día siguiente se embarcó en la campaña ‘Abrazo gratis’. Menos mal que no le dio un beso en los morros o fue más allá. A usted le puede parecer una soplapollez y estaría en su derecho, pero un colega grabó en vídeo al menda en su primera ‘performance’ ofertando sus brazos como consuelo, lo colgó en la red y lo han visto quince millones de personas.

Ya quisiera usted esa expectación para el vídeo de su boda que no digo yo que no lo haya visto usted quince millones de veces, pero no es lo mismo. La tendencia ha corrido como la pólvora, ha llegado a España y ahora anda uno acojonado no vaya a ser que le asalte un brasa de este calibre y por hacer una gracia tengamos un disgusto. Yo soy un clásico. Prefiero que me atraquen. Al menos lo entendería, aunque sólo sea por la tradición ¿Por qué me tiene que abrazar alguien que no me conoce si en el caso que me conociera no me daría ni los buenos días? ¿No es más lógico que me exija la pasta por tenerse por un marginado social?

A mí ni se me acerquen. Anda uno ya mayor y malhumorado. En más de una ocasión lo que uno siente son deseos de promocionar la campaña alternativa ‘Ahostio de manera desprendida y gratuita’. Tanto buen rollito llega a estomagar. El australiano se ha tomado la cosa tan en serio que una vez por semana, desde hace año y medio, dedica una hora más o menos a repartir abrazos. Imagino que cambiará de franja horaria y de zona porque, en caso contrario, los beneficiarios podrían ser casi los mismos y la pesadez del individuo máxima.

De todos modos, esta iniciativa nos debería invitar a la reflexión. En mi caso es mucho pedir pero ustedes, tan sabios, nunca se han parado a pensar que estamos haciendo el lila ¿Qué coño hago yo, por ejemplo, gastando mi tiempo en escribir de un tipo que se empeña en repartir abrazos? Pues ya lo ven, mundialmente famoso. Si no le ha caído seguro que le caerá. Digo algún anuncio, por ejemplo de estolas de visón para resguardar el cuello cuando tengas que prescindir de sus brazos o del Día de los Enamorados australianos. De profesión abrazador.

Puede parecer insólito, pero todo es relativo. No hay más que ver que Juliancito Contreras Ordoñez, el vástago de Carmina, se ha metido a escritor. No se me caen los anillos por promocionar a un colega de oficio. El título del libro es ‘Querida mamá’. Muy arriesgado ¿De qué irá? (como verán, letrita más grande para que lo lean bien)