30/10/2006.- Si usted, como buen español, tenía pensado escaquearse del pago de las multas ándese con ojito. Aquello del embargo de la cuenta que, para qué negarlo, jodía más que una china en un ojo se ha quedado anticuado u obsoleto. El último grito es meterte una culebra venenosa en el buzón. Sí ríanse ahora que pueden. Ha pasado en un pueblo de Madrid y menos mal que Correos ha tardado lo suyo, como es menester, y el reptil ha llegado cadáver a su nicho.
En algún país normal a estas horas estaríamos hablando de alguna desgracia. Como les tengo, con excepciones, por holgazanes, ahí bien sentaditos leyendo estas tontunas mientras uno escudriña la actualidad, también les diré que una serpiente fiambre huele a coliflor ¿A qué no lo sabían? Pues gracias a ese hedor se pudo destapar el pastel. Bueno, pastel, es una forma de hablar. Tarta de culebra en avanzado estado de descomposición.
Siempre la podemos caramelizar que gana una barbaridad. Una joven que andaba por su casa empezó a olfatear y a mosquearse. Olía a coliflor que echaba para atrás. Ni corta ni perezosa (nunca he entendido este latiguillo) llamó a los servicios de emergencia y lo denunció ¿112? Por favor, en mi casa huele a coliflor, vengan con urgencia. Dicen que los currelas se lo tomaron al principio a broma. No lo entiendo. En estos tiempos en que el ácido bórico, además de atenuar la peste a pinreles, puede causar una catástrofe qué no podrá armar una coliflor que, por cierto, huele fatal en su cocción.
Aun así, y eso que les honra, enviaron a miembros del comando anti-repollo que allí se personaron. En efecto olía a algo raro que no supieron descifrar. Ante la insistencia siguieron el reguero de la tufarada hasta que desembocaron en el buzón. Allí yacía la culebra. El sofocón fue considerable habida cuenta que como carta resultaba extraña y como cesta de Navidad escasa. Sólo la hipótesis primera que he madurado en un plis plas haciendo gala de mi brillantez mental explica este enigma. El cobrador del frac ha quedado en desuso. Ahora se lleva la culebra en el buzón o la piraña en el bidé. Tenga cuidado al sentarse.
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