25/10/2006.- He conocido máquinas expendedoras de tabaco con una conversación más interesante que la de muchas personas y máquinas tragaperras más inteligentes que otras tantas. Algunas pensarán lo mismo de un servidor porque uno no va de listillo ni de lejos. A lo máximo que llega es a saber a quién no tiene que votar. Por ello me asombra esa preocupación de algunos cerebrines tecnológicos que advierten de una terrible amenaza y lo airean como una novedad.
En pocos años la inteligencia artificial superará con creces la nuestra. Ya digo que esa posibilidad está más que cumplida en determinados casos incluso si el único invento alumbrado por el ser humano hubiese sido la tabla de lavar. De momento nos aportan un dato interesante como es que en el último cuarto de siglo las computadoras han multiplicado por mil millones de veces su poder y que dentro de otros veinticinco años lo volverán a hacer. Estremece.
Sin embargo, los mismos cenizos son quienes aseguran que no hay computador más perfecto que la mente humana. Depende y perdón por la discrepancia. Hay mentes por ahí que convierten a los armadillos en catedráticos de Física. No recurro al habitual simio porque doy por hecho que no sólo el hombre no viene del mono, sino que, salvo honrosas excepciones, la teoría de la evolución es la inversa y el hombre es una degeneración del simpático chimpancé. Que nadie se me ofenda porque yo soy el primero en tenerme por lerdo e incapaz. Si hubiera sido algo más inteligente que una simple batidora me hubiera metido a especulador o me hubiese cuidado el cuerpo para hacerme latin lover para folclóricas entraditas en años y carnes.
Y, sin embargo, aquí me tienen. De todos modos, también los científicos tienen lo suyo. Muy listos para algunas cosas y menos despiertos para otras. Así, el profesor Nicolelis de la Universidad norteamericana de Duke se ha dedicado a conectar el cerebro de unos monos a un potente computador para espiar sus pensamientos ¿Pues en qué van a pensar buen hombre? En echar unos quiquis, comerse unos plátanos y en acabar en el cinematógrafo como la mascota de Tarzán.
A lo mejor me equivoco y estaban preocupados por la hipoteca o por el abono transporte, pero, a priori, no parece probable. Cuando te enteras de que un individuo preparado y docto pierde el tiempo en estos menesteres es cuando te das cuenta de verdad que la inteligencia artificial ya supera a la del hombre. No hay que esperar. No descarte que, después de leer estas líneas, encienda su ordenador y se ría de usted. Estamos en sus manos. Qué miedo.
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