03/10/2006.- Ya sé que está feo pero mi debilidad ante la tentación supera con creces mi pudor. Acabo de llegar de mi Almería, morenete y lustroso, y he aprovechado para someterme a una sesión fotográfica. No, no me han detenido. Es lo primero que pudiera pasar por la cabeza, pero, de momento, no es el caso. Quiero aparecer pintón en la solapa de mi próxima novela. Al fin y al cabo, las solapas no son asunto menor. Basta pasarse por un VIP´s o por el departamento de libros de unos grandes almacenes para percatarse del arraigo que tiene el 'solapismo ilustrado' entre la estirpe de los culturetas.
Lees la sinopsis de unos cuantos superventas y un par de ellos de culto, fundamental, no lo olvidemos jamás, alguna reseña biográfica del autor, lo memorizas mientras te trajinas una tostada y luego quedas en la 'ofi' como Dios. No acabo de entender ese afán del prójimo por aparentar que lee. He comprobado cómo algunos conocidos y vecinos del barrio me evitan o, si no pueden por lo aparatoso de la huida, antes de saludarme, si es que finalmente lo hacen, se parapetan tras la consabida excusa. No he tenido tiempo de leer tu novela; ando muy liado. Señor mío, si yo no voy a hacer a nadie parciales ni examen final. Mentiría si dijese que me la trae al pairo, pero, vamos, que de peores he salido.
Yo escribo (perdón por el testimonio tipo 'Vivir cada día') porque no entendería la vida sin la literatura y, aun así, cada vez la entiendo menos. Ahí acaba lo mío. El resto se lo dejo a quien quiera compartir su bien más valioso, su tiempo, conmigo. Yo no escucho ópera ni mucho menos voy a verla porque me resulta insufrible. Ni mérito ni vergüenza. Es lo que hay. Acabo de releer las últimas digresiones y tenía razón mi madre. No debía haberme puesto tanto tiempo al sol. Qué truño (coñazo, ver diccionario de dudas). Lo que sí me temo, en estas largas sesiones de solapismo, es que finalmente acaben comprando la novela por mi físico. Cómo he salido. Niquelao, seductor, interesante, misterioso, todo lo que diga es poco.
Cómo será la cosa que he puesto las instantáneas todas juntas como el álbum de la Liga y todavía no me he decidido. No sé si abrir una consulta cibernética o si el dilema merece la aprobación de un referéndum en el Parlamento ahora que se cuela todo el mundo. He vuelto a ser el 'sex symbol' que nunca debí de dejar de ser. La cerveza y el descuido hicieron de mí una lorza con DNI, pero ahora que he vuelto a mi ser no espero por menos que un club de fans que me idolatren.
Quiero deberme a mi público, que no me dejen salir de casa los paparazzi, que me lleven a un programa de investigación y luego venga a rajar mi primera e insatisfecha novia, el amigo a quien traicione, un tío de Sebastopol y los colegas a los que les negué un cigarrillo en pleno mono. Quiero que me lapiden con su palabra, que me denigren, que se mofen de mis defectos, que me vilipendien, pero, por favor, me compren la novela o, como mínimo, un superposter con una de las fotos. Yo se lo dedico.
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