20/11/2006.- Soy un firme defensor del derecho a la huelga, pero no a cualquier precio. No crean que me refiero a un colapso de los transportes en vísperas de puente. Algo mucho peor, menos defendible, de una crueldad extrema. No seré yo quien cuestione los derechos de los trabajadores, pero de eso a que el perro de Zapatero (propiedad de, para ser menos malsonante) tenga que miccionar en los bonsais de interior que legó Felipe González va un abismo. Como se lo cuento.
Anda revuelto el personal de limpieza de Moncloa y lo tiene que pagar el más indefenso. Seguro que si fuera un rotwailer le tomaban más en serio. Como medida de presión se niegan a sacar a pasear al perro porque dicen que no está dentro de sus atribuciones. Pase que ZP tenga que pasar la vaporetta mientras Sonso ensaya unos gorgoritos de ópera, pero que el can tenga que aguantar con la vejiga como una bota de vino es inadmisible. Hay que buscar responsables.
ZP no puede esconderse tras las cuestiones de Estado. Si puede recibir a Obiang y hasta hablar con él no me digan que no puede sacar al perro que seguro que le ladra cosas más sensatas. Me temo que como la cosa se complique al final acaben amotinados en el despacho con el perro como rehen por un súbeme unas décimas más del IPC. Desde los días de la reconversión industrial no conozco un episodio más grave de conflicto laboral.
Si no fuera porque me tacharían de esquirol yo mismo me presentaba con mi sultán, le cantaba las cuarenta a ZP y me quedaba al perro en adopción. Así tendrá más tiempo para atender los siempre constructivos consejos de Acebes. Todo sea por mi país.
Crea tu propia página web con Webador