Misa en la cárcel

Publicado el 7 de marzo de 2026, 7:39

28/10/2006.- Me he quedado helado y eso que ha vuelto un efímero veranillo. Nos hemos gastado ochocientos mil euretes del bolsillo comunal en pagar las misas en las cárceles. No sé si en vez de hostias dan caviar de beluga para la comunión y para pasar el trago en vez de Don Simón tiran de Môet Chandon. De otra manera no me lo explico. Con ese dinero me podían haber puesto a mi un loft de estos minimalistas y que los presos hubieran visto por la tele El Día del Señor.

Eso sí que hubiera sido una obra de caridad cristiana. Digo lo de ponerme a mí un pisito. No acabo de detallar el gasto. Hace tiempo que no asisto a misa ¿Llevan casullas de Armani? ¿Pasa el cepillo Paco el Pocero? ¿Tienen los confesionarios derecho a cocina? ¿Han cambiado las guitarras enfundadas en cuadros escoceses por el equipo de sonido de Madonna? Algo tiene que haber que se me escapa. Fíjense si les cuento que el año pasado la Iglesia pilló ciento cuarenta y dos millones de euros de los impuestos ¿Devolverán los procedentes de homosexuales? Apuesto a que no.

Por si fuera poco, el gobierno ZP se ha lucido. Deja en manos de los obispos el despedir o no a los profesores de religión. Lagarto, lagarto. Habida cuenta de su abierto talante ya se pueden aplicar al celibato o a la familia numerosa. No hay término medio. Fuera los divorciados, los separados, los que tenga una cinta de los Village People, los que haya sido sorprendidos con un condón en la cartera, aunque esté picado por falta de uso. A las tinieblas pecadores de la pradera. Muy suelto ZP, muy suelto.

Nunca descalificaré a la Iglesia sin matices. Conocí muy bien la parroquia de barrio obrero en los tiempos en que si ho hubiera sido por ellos quizás muchos de nosotros no hubiéramos salido de los tebeos de Mortadelo. Pero el Consejo de Administración de esta empresa espiritual me supera.

Cuando braman contra la libertad de cada cual y callan ante las mayores atrocidades, cuando meten sus narices en la política y no el cazo para repartir su riqueza con quienes más lo necesitan. No me gustan ni su boato ni sus dispendios ni sus excesos ni sus privilegios ni sus inversiones en todo aquello que no sea aliviar al ser humano y no sus cuentas de resultados.