Los chicos del FBI

Publicado el 7 de marzo de 2026, 10:23

21/10/2006.- Menuda decepción. Tanto verlos en la tele desplegar la placa delante de los malos (FBI ¿Podemos hacerle unas preguntas?) y luego a la hora de la verdad se vienen abajo. Ahí me hubiera gustado a mí ver al Steve Segal o al 'Vandame'. Esos sí que no se andan con chiquitas. Ya puede ser una adolescente o un energúmeno de pelo en pecho. Un par de hostias y luego, llegado el caso, se pregunta o se lima uno las uñas. La ley y el orden no entienden de acné. Sin embargo, todo el dispositivo se vino abajo. Una pareja de agentes irrumpió en una clase de un instituto de Sacramento para sacar en volandas a una alumna de catorce años altamente sospechosa de terrorismo internacional.

Creo que incluso le requisaron el plumier de destrucción masiva y los apuntes por creer que se trataba de una chuleta para fabricar una bomba atómica. La muchacha había sido rastreada a través de la red y habían encontrado exabruptos escolares en una página en contra de tito Bush. En uno de ellos, la adolescente proponía apuñalar al prohombre tejano. Ante semejante amenaza, el mecanismo de seguridad se puso en marcha. Pinchazos telefónicos en el hogar paterno, francotiradores al lado de los columpios, detectives en el Burger King y especialistas en artes marciales camuflados como camareros de discoteca sin alcohol. Cuando la peligrosa terrorista estaba rodeada allá entraron ellos con la placa entre las fauces mientras la profa les escribía en el encerado a los chicos la declaración de derechos de la Constitución americana.

Ellos, los maderillos de 'luxury', creyeron que impartía clase de idioma porque no entendían nada de lo que decía. Y se la llevaron, por supuesto. Al parecer, después de barajar empaquetarla con destino a Guantánamo, se lo han pensado mejor y la han dejado en libertad para darle la oportunidad de que se reconduzca y se apunte a un coro de gospel. Qué flojos. Mira que si cumple su amenaza y con sus catorce años burla todos los dispositivos de seguridad, les propina una patada en los atributos a los descomunales escoltas, se acerca al tito Bush y le mete un mandoble con una espada ninja. Es posible, no se fíen.

Yo ya he borrado toda huella escrita de mis objeciones a tito Bush no sea que un día me esté tostando al sol en la terraza y la sombra de un helicóptero de combate nuble el cielo y mi futuro. Ya veo a unos tiparracos con verduguillo negro bajando por una maroma y subiéndome al cacharro con el meyba y todo. Dios mío, y encima yo ya he pasado de los cuarenta y tengo un pañuelo palestino en casa. Les dejo, voy a tirar los discos de Emilio el Moro que heredé de mi padre y el tirachinas de la infancia. A ver si se creen que está cargada con pelotillas químicas ¡Anacleto, vuelve!

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