18/10/2006.- El calvorota de la lotería ha muerto de éxito. Después de ocho años de meterse en nuestros hogares para decirnos que este año tampoco nos iba a tocar y que lo importante es la salud, nos deja. Echaremos de menos a este Mister Proper de la fortuna. Renovarse o morir. Ya saben. De todos modos, a quien le tocó el gordo fue a él sin necesidad de décimo ni ná de ná. He sabido que el actor inglés cobraba al año unos veinticinco kilitos de las añoradas pelas por ser fiel a la Lotería del Estado. Es decir, una especie de Georgie Dann pero en temporada otoño-invierno.
Eso sí que es un chollo my friend. Un anuncio al final del veranito y a tocarse los atributos el resto del año. Sin bolitas, únicamente las propias, ni niños de San Ildefonso. Soy poco o nada de loterías ni de juegos de azar. No porque crea, ni remotamente, que aquello de tener trabajo es el mejor premio. Más bien es que soy olvidadizo y me lío con las primitivas, las lotos y bonolotos, los botes y los eurobotes. En Navidad compro un decimito y jamás una papeleta. Me explico.
Admito su labor pedagógica ya que te informan de la cantidad de clubes de fútbol infantiles, asociaciones de todo pelaje y comercios que hay en el barrio, pero no van conmigo. Es pura ambición. Sólo faltaba que pasara el tren de la fortuna una vez en mi puñetera vida y me pillara en la papeleta que me ha dado el carnicero por comprar un churrasco. El portador de esta papeleta juega 0,000001 céntimo en el número arriba reseñado. Vamos, que te toca y ni para pipas. Nada, nada. Un décimo que, por lo menos, me llega para una mariscada. Aprovecho para elevar mi queja al patronato de apuestas ¿Cómo es posible que podamos comprar la lotería de Navidad en pleno agosto en Torrevieja con bermudas, chancletas y tocados con el gorrito de delfines? Da grima hombre, da grima. Un poquito de seriedad.
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