18/10/2006.- Qué prisas. Anda que no tiene uno tiempo. Pues nada. Un presunto mentalista se fijó como reto permanecer cinco días metido en un ataúd. Si hubiese sido paciente y esperado su hora (cuánto más tarde mejor) lo hubiera batido con la gorra y se hubiera ahorrado las sospechas. Por lo visto el tipo se introdujo en el cajón, qué yuyu, y al ratito le vieron salir de naja y coger un coche. Es decir que mientras los testigos padecían un sin vivir por la salud del individuo éste hallábase procediendo, por ejemplo, a la ingesta de carnes y caldos del lugar.
Los organizadores del 'chou' aseguran que no, que el mentalista tuvo que rendirse al darle algo parecido a un sofocón, quizás el diagnóstico atienda a un lenguaje más científico, y que le tuvieron que ingresar de urgencia. En el hospital aseguran que no les suena la cara y, además, si el tío ya estaba en el ataúd para qué coño quería asistencia alguna. Me asombran estos desafíos. No sé si estaba o no estaba. Si estaba muerto o estaba de parranda (gran Peret) pero, en cualquiera de los dos supuestos, me resulta altamente indiferente.
La cosa, según la sopeso, es cómo sigue ¿A qué me meto cinco días en un ataúd y no salgo? Bárbaro. Impresionante. Cinco días fiambre, así por vocación. Y además en Extremadura. Jamones, lomos, migas, buen vino, buena gente. Y el tipo, mientras tanto, dormitando en una caja de pino. Valiente memez. Por eso, si el mentalista no es mentalista y se ha escapado al menos ha evidenciado que no es mentalista pero tampoco gilipollas. Algo es algo.
Crea tu propia página web con Webador