15/10/2006.- Al Dalai Lama le han investido doctor honoris causa en Biología y anda el hombre un poco compungido. "Yo no soy biólogo, pero me hace mucha ilusión", ha dicho este contenedor espiritual de allá por el Tibet. Si anda preocupado, don Dalai o señor Lama, como guste, le aconsejo que se venga otra vez a España. Aquí esos detallitos carecen de total importancia. Mire, para que no le inquiete la conciencia, nosotros, por el contrario, tenemos una inminente bióloga y en vez de nombrarla doctora la han echado de la tele. No sé si la conoce porque ella es muy de cultivar el alma, aunque sea en biquini.
Se llama Anita y es todo un ejemplo. Fíjese que estudió entre microscopios y lleva más de media vida diciendo que es actriz. Y tan tranquila, no crea. O sea que nada de humildades. Con decirle que aquí nombramos doctor honoris causa a un banquero que acabó en el trullo le digo todo. Qué ojo tenemos, qué ojo. Eso sí, éste de economía sabía un huevo, por lo menos de cómo engordar la suya. Nunca he tenido muy claro para qué sirve que te nombren doctor en una Universidad si luego ni puedes poner notas ni tan siquiera te hacen descuento en la cafetería.
Además, les digo que, llegado el caso, a mí o me dejan escoger el tocado o que nombren a su prima. Como usted no es de ofender, que tiene paciencia y eso, permítame que le diga que la gorrilla tipo pintor bohemio parisino que le han calzado le queda como a un santo dos pistolas, y el baberillo no crea que mejora la composición. Pero oiga, que si a usted le hace ilusión no seré yo quien se la quite. De todos modos, por el mismo precio, ya que te conceden este aplastante mérito académico podían afinar un poco. Si el hombre no tiene ni pajolera de biología búsquenle algo en filosofía o en cultivo del espíritu, algo más de lo suyo.
Esto me recuerda un poco a la 'mili' (no se preocupen, debo ser de los pocos ex reclutas que no cuento batallas de ese negro período de mi vida) cuando llegaba un camión, el cabo chusquero solicitaba voluntarios que supieran algo de oficina, todos nos matábamos por salir y quitarnos las garitas y, cuando la selección de quintos estaba hecha, decía el superior aquello de 'hala, pues a descargar máquinas de escribir'. Humor castrense.
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