11/10/2006.- Si no querías café toma dos tazas. Como si no tuviera suficiente con el misterio del oso hormiguero ahora me dan la buena nueva del advenimiento entre nosotros del primer ciervo ratón español. El enigma del oso lo he dejado por imposible (no veo ningún orificio de hormiga capaz de asumir tamaña embestida) pero para dilucidar el de este simpático bichillo se me ocurren algunas hipótesis. Es posible que el origen genético se remonte a los tiempos en que la madre de Bambi invitó a Stuart Little al cinematógrafo para tirarse ella el rollo en plan diva de 'jolivud'.
Allí nació el amor y del amor el sexo y del sexo ese primer retoño que, al calor de la evolución propia de los animales, más discutible entre las personas humanas, ha dado con este natalicio en la localidad malagueña de Fuengirola. Los cuidadores del zoo presumen de que sea el primer ciervo ratón español, pero eso habrá que verlo con el RH o el ADN o el LMQLP (la madre que le parió) porque hoy no es español quien quiere sino quien puede. De verdad de verdad, de esos que mañana sollocen en el desfile de las Fuerzas Armadas, están la guardia pretoriana del PP, Manolo el del Bombo y pare usted de contar. Bueno bueno. Y Bono, claro.
Dado que al ciervo ratón las leyendas orientales le otorgaban siempre el don de la inteligencia, nadie mejor que él, recién nacido y todavía sin malear, para que nos explique la trama del culebrón que ha protagonizado don Pepe. Yo le resumo al animalito. Don Bono se fue de ministro, no quería ser alcalde de Madrid, ZP se lo pidió, don Bono se dejó querer, su partido se lo puso en bandeja y cuando reinaba el alborozo y los elogios se regalaban con inusual generosidad, don Bono dijo que nones. Magistral.
Me recuerda, no sé por qué, a una hilarante parrafada de Chico y Harpo (bueno el que hablaba era Chico, claro). Los Marx se han metido a detectives y les han encomendado la misión de seguir a un tipo. El primer día, dice Chico más o menos, le seguimos y nos despistó, el segundo día fuimos y no apareció, el tercero le despistamos nosotros: fue él pero no aparecimos nosotros. Si don Bono quería ajustar alguna cuenta con los suyos lo ha logrado, aunque quizás a un alto precio. Lo bueno es que esta mi ciudad, amada y odiada, ha demostrado de nuevo que, para ser alcalde de ella, basta con que te hayan mandado una postal de La Cibeles, aunque vivas en La Conchinchina. Si no la conoces, casi mejor. Menos sufres.
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