08/10/2006.- Luego me quejo yo de las pelusas que florecen bajo la cama y los rincones por cierta dejadez doméstica. Los americanos van a pasar el plumero en Palomares cuarenta años después de dejar allí un par de cagaditas nucleares. Ha pasado tanto tiempo que no se acuerda ni un servidor, pero la foto del entonces Manuel Fraga bañándose en las aguas de la localidad almeriense dio la vuelta al mundo. Se dijo incluso que Esther Williams le tentó para el casting de Escuela de Sirenas, aunque el porte de don Manuel ya era por entonces más tirando a cachalote.
De resultas que dos aviones B-52 (que al menos sirvieron para dar nombre a un notable grupo musical) se liaron en el repostaje y parte de la carga se les cayó en Palomares. Y anda que llevaban polvorones La Estepeña de recuerdo. Quiá. Unas bombas de nada con una capacidad superior en setenta veces a las de Hiroshima y Nagasaki que, eso sí, tuvieron la delicadeza de no explotar. Como no podía ser menos dejaron todo perdido de guarradas de esas que inventan para achicharrar a las personas humanas. Que si uranio, que si americio, que si recoge tú la mesa y yo paso el aspirador.
Los unos por los otros, y nunca mejor dicho, la casa sin barrer. Si nos tenemos que fiar por la longevidad de Fraga, aquellas aguas no sólo no estaban contaminadas, sino que son casi milagrosas. No sé a qué viene ahora ponerse a hacer un zafarrancho. A ver si va a haber criptonita y los habitantes salen como mulos y van ustedes a estropearlo después de cuatro décadas. Como para fiarse de los americanos. Todo será que se pongan a barrer, les guste el sitio y lo invadan.
Es decir, mucho peor el remedio que la enfermedad. Deberíamos estar agradecidos a este incidente que, entre otras cosas, ha sido pionero de los posados veraniegos en las playas patrias ¿Hubiésemos disfrutado de los bikinis de Anita Obregón sin el precedente de Fraga, más casto, eso sí, y pasado de grasas? Pues nada, que para un acuerdo que llegamos con los chicos de Bush ya verás como la cagamos. De vez en cuando ya venían algunos expertos a comprobar si los vecinos de Palomares estiraban la pata consumidos por alguna sustancia tóxica.
No ha sido así; al parecer palman con la misma ordinariez que el resto de los mortales. Sin embargo, hay que limpiar y hay que limpiar. Cualquiera les lleva la contraria. A la mínima te sueltan otros dos pepinos y esta vez aposta y con mala leche. Y barre luego.
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