07/10/2006.- Rocco apuntaba maneras desde pequeño. Mozart sería un niño prodigio tocando el piano, pero el semental italiano a su misma edad ya era todo un campeón tocándose el pito. Al César lo que es del César. Tan es así que Rocco, según cuenta en sus memorias que presto compraré, se apuntó a un concurso de pajilleros y lo ganó. Antes de pasar al resultado me gustaría saber en qué lugar se crió Rocco Siffredi para que, entre las actividades extraescolares, se incluyera esta champions masturbatoria. Anda que se apuntó a un concurso sobre sumas, restas o multiplicaciones o a uno de poesía. La vocación es la vocación. Once eyaculaciones en seis horas.
No voy a entrar en comparaciones bien odiosas en este caso. Un aspersor de semen, vamos. Rocco, eso sí, parece haberse dejado todo su talento entre los camastros porque el título del libro tampoco le habrá mermado mucho su capacidad neuronal. 'Yo, Rocco', es decir, la versión pollón de Barakaldo del afamado 'Yo Claudio'. Por cierto ¿quién es el pollón de marras? Entre las confidencias que el actor porno desgrana está que, según su criterio, en su carrera de celebérrimo follador le ha ayudado bastante gastar 24 centímetros de pene. Hombre, algo seguro que ha tenido que ver Rocco, no lo dudes.
Aparte de tus dotes interpretativas, del doctorado en el método Stanislavsky y tus cursos postgrado en el Actor´s Studio, el badajo, en tu respetable género, tiene peso. En tu caso roza casi la obesidad mórbida. Me gustaría que en tus memorias desvelaras algunos de los enigmas que salpican el porno. Es tan recurrente como cierto pero la duda me consume ¿Por qué no se quitan las churris los zapatos de tacón para proceder al meneillo? Rocco, a pesar de su competitividad, tiene pinta de tirillas, la verdad. Cualquiera diría que tras ese reloj se oculta algo casi inocultable.
Ya sabemos que el tamaño no importa, sobre todo si calzas un 24, ni el gatillazo tampoco porque siempre es la primera vez que pasa. Claro que en su caso más que un gatillazo sería todo un bombardeo. Con todo, ya saben que tuvo un competidor apodado '35 cm Holmes' y, en este contexto, ya habrán adivinado por dónde van los tiros de la medida. No sé si estará o no científicamente demostrado, pero me apostaría algo a que, con esas desproporciones (por qué lo son ¿verdad?), y la necesidad de bombear sangre que se requiere para endurecer 'mi tesoro', es imposible que el riego te alcance al cerebro. Quien no se consuela es porque no quiere.
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