06/10/2006.- Los directivos del restaurante La Favorita debieron estudiar gestión empresarial en la Sudáfrica del 'appharteid' (por fortuna, ya casi ni me acuerdo de cómo se escribe ni puñetera falta que me hace). No sé si sabrán, y si no ya está un servidor para aliviar su ignorancia, que en ese cuco local se han negado a celebrar un banquete de boda. No es que los cónyuges fueran caníbales y hubieran pedido de menú del día las criadillas del gerente o del chef. Qué va. Mucho peor. Eran gays, sí, sí, homosexuales de esos o, para qué andarnos con moñadas, maricones de toda la vida.
La dirección ha llevado a los tiempos del Cuaternario la reserva del derecho de admisión. No crean que se les ha caído la cara de vergüenza. Simplemente, han dicho los individuos, se trata de política de empresa. Pues muy bien. En justa correspondencia, si yo fuera político, el Señor no lo quiera, les metía un paquete de agarrate y no te menees ¿Desde cuándo un deleznable capricho empresarial está por encima de los derechos ciudadanos?
Ya puestos, en aplicación de ese argumento, prohíban el acceso a los negros o a los minusválidos. Política de empresa. Una noche, una atractiva joven, a quien pretendía seducir con más voluntad que acierto, me llevó a ese restaurante. Fijénse si me interesaba la muchacha que las cenas te las sirven aderezadas con arias y fragmentos de ópera y allí estaba yo aguantando el tipo, poniendo buena cara a los camareros mientras uno me servía un solomillo y el otro me atufaba el oído con una obra de Verdi.
Confieso que, en la brega de latin lover todo vale, inclusive llegué a menear el pie al ritmo de las notas que salían del piano. Por supuesto, excuso decir, que la noche acabó en blanco y que tardé unos días en extraer del tímpano los gorgoritos del personal. 'La Favorita', según me he documentado, toma el nombre de una ópera de gran éxito en el teatro Gayarre ya que los tipos que regentan el local pertenecen a la Fundación Operística de Navarra.
Me he molestado en echar un vistazo al espíritu que inspira esta vanguardista agrupación y, según reza y nunca mejor dicho, son los principios del cristianismo los que alumbran a estos mastuerzos. Pues vaya principios amiguetes. Eso sí, el portavoz de la empresa ha asegurado que ellos admiten en el local a gays pero que lo de los banquetes ya es pasar del uso al abuso (esto último lo digo yo). Consuela saber que si algún degenerado sexual, algún enfermo de esos, quiere papearse unas verduras a la plancha en el local, no le lapidan ni le muelen a patadas. Dejan pasar a los homosexuales. Qué tolerantes. Asustaico me tienen estos libertinos. Excuso decir de nuevo que después de mi fracaso erótico-festivo, un pico la invitación, por cierto, no pensaba volver. Ahora mucho menos. No soy gay pero como si lo fuera. Política personal.
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