15/11/2006.- Estoy desolado. Ahora que soy hombre de orden, que no bebo, que no fumo y me acuesto con los Lunnis (bueno, después de su emisión, nada que ver con la pederastia) me entero de que la mujer más vieja del mundo se pone de porros hasta las trancas y que una dietista dice que tomarse unas cañas es mucho mejor que una litrona de Isostar ¿En qué quedamos? Además, este notición me pilla con una contractura en el gemelo por sobreesfuerzo.
Habrán percibido que en la enumeración de mis nuevas costumbres no aparece la palabra sexo y no porque quiera preservar mi intimidad. Saquen las conclusiones que sea menester. La abuela tiene 125 años y, cómo no, sus nietos, bis, tatara y tralararanietos ya la quieren colocar en el Guinness aunque sea embalsamada. Cuenta la señora, que al parecer se mueve por sí misma y sólo tiene problemas de vista, no se especifica si antes o después de fumarse el chiriflu, que lleva toda la vida endilgándose unos petas de maría que pa' qué las prisas.
A la vista está que le han sentado la mar de bien. Este caso echaría por tierra muchas teorías de las que yo, mismamente, ya desconfiaba. Por ejemplo, eso de que empiezas con un porro y acabas como Yo Cristina F. Que yo sepa, uno puede correr para coger el autobús y necesariamente no acaba campeón olímpico de los cien metros lisos (me suena que esta gracieta ya la he utilizado; menos mal que no me pedirán derechos de autor).
No hay más que ver a esta viejecita de la India que, por edad, debió comenzar en el lío junto a Ghandi mientras éste ayunaba y ella se metía para el cuerpo una trompeta de marihuana y una de boquerones al nirvana. Lo de las cañitas es otro cantar.
La dietista, que, acaso sospechosamente, es la portavoz de una asociación cervecera, fija en un par de cañitas la frontera entre el uso medicinal y el abuso propio de la bolinguez. Y a mí me podía el segundo. Eran dos cada cinco minutos y me da que, con semejante frecuencia, ya deben ser discutibles sus propiedades terapeúticas.
De todos modos, poco a poco percibo que se va aflojando. Que si un vasito de vino es bueno para el corazón, que si dos cañitas son buenas para la salud, que si con el gimnasio sudas y, al final, me veo en la farmacia con una receta para pedir un Rioja y un par de chinas. Tiempo al tiempo.
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