01/11/2026.- Ahora que el gran Woody Allen anda de acá para allá por Europa le podemos ofrecer rodar en Cullera. Ya saben que será el próximo Manhattan y ya saben también que Woody está totalmente enamoriscado de su ciudad y de su barrio. Si por fin viniera, las cámaras tendría que traerlas en pollinos bien cargadas las alforjas ya que Cullera tendrá su particular Manhattan pero será tan particular que ni siquiera se podrá llegar. Si uno, después de gran esfuerzo, logrará acercarse a alguno de los treinticinco mastodontes de ladrillo que van a construir lo haría con la lengua fuera. Tampoco habría problema.
Seguramente ni siquiera podría beber agua porque no la habría. En una muestra más de que este país no nos lo merecemos y que sus gobernantes están a la vanguardia de la política, el PP ha aprobado un plan urbanístico para hacer apartamentos como churros aunque, eso sí, si usted compra alguno, que también tendría delito, debería conformarse con verlo con telescopio pongamos que desde Gandía. Yo ya no sé si es más necio quien da el visto bueno a esta barbaridad o quien se mete en una hipoteca para chuparse día y medio de atasco con el coche hasta arriba de botellas de Solares.
El problema ya no es que aprueben estos planes, lo grave es que puedan hacerlo y quedarse tan anchos ¿Es qué nadie legisla en este país sobre la materia del sentido común? ¿Cómo es posible que, con todos los informes en contra, sin tener asegurados los accesos o el suministro de agua se pueda dar vía libre a esta imbecilidad? ¿Hasta cuándo ordenaremos los territorios alrededor de un campo de golf? ¿Con qué cara nos dicen que ahorremos aguas para que luego se gaste en tener como una patena el hoyo 18? No soy yo sospechoso de querer preservar la virginidad de las costas hasta el punto de tener que andar veinte kilómetros para tomarme una cerveza, pero imagino que habrá planes más sensatos.
De lo contrario uno tiende a pensar, ¿por qué será?, que aquí se sacan los planes urbanísticos con calzador porque alguien está muy interesado en que le caiga el aguinaldo. Ya pueden ser nidos de cigüeñas negras, árboles centenarios o especies en extinción que si hay que meter la excavadora se mete y si hay que meter la mano también. La única especie que no sólo no está en extinción, sino que se reproduce cual coneja ninfómana es la de los trincones del suelo. Encuentran un pueblín con cien habitantes y a la mínima le han colocado a los paisanos un centro comercial en medio del salón.
Por esta tierra pululan los bandidos que han cambiado en trabuco por la pluma Mont Blanc y la cantimplora por la chequera en blanco y no pasa nada. Siguen a lo suyo, comprando suelo y revendiendo, invirtiendo en política (Paco el Pocero, dixit) y blanqueando en Andorra. Y mientras uno se siente desolado por esa sensación de impunidad y de ser un absoluto gilipollas, en noviembre le toca el segundo plazo de Hacienda ¿Qué hago? Pues pagaré. De donde no hay no se puede sacar.
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