Ser catalán por puntos

Publicado el 7 de marzo de 2026, 10:29

19/10/2006.- Menudo alegrón ha dado a los inmigrantes la derecha nacionalista catalana. Si te cambias el turbante por la barretina te dan un piso de protección oficial en el barrio de Sarriá. Si a eso sumas el aprendizaje de 'Els Segadors' la oferta se complementa con un coche de segunda mano como nuevo y, si además, eres capaz de recitar algún verso de Espriu de memorieta te regalan un abono del Barça. No me digan que no es guay ¿Alguien da más? CiU está que lo tira.

El carnet patriótico por puntos sólo se dispensará a aquellos seres foráneos que juren y perjuren su voluntad de ser una buena persona y un mejor catalán. Si te esfuerzas en aprender el idioma o en bailar la sardana, dos puntos, si preparas el pantumaca como para chuparse los dedos, otros dos, si soplas cava como un campeón, más de lo mismo y si cambias el amuleto de tu pueblo por un escapulario de la Moreneta, dos más y un salvoconducto para el cielo.

Eso sí, como te vean aplaudir un gol del Madrí, patera y manta. Digo yo que si antes de fabricar catalanes en serie con independencia de su color o sus creencias no sería mejor, un suponer, hacerles creer que son personas dignas. Que no les exploten, que no vivan hacinados, que tengan la misma cobertura social que uno de Granollers o de Sebastopol, que no se les margine, que se valore su trabajo.

Seguro que así su integración es más sencilla que sugiriendo que aprendan catalán por el método Assimil. Cualquiera se imagina a un senegalés o a un marroquí llegar derrengado al camastro después de doce horas de curro y ponerse la cinta de cassette con la cinta de Lluis Llach al tiempo que repasa las preposiciones. Lo normal, vamos.

Me estomaga sobremanera la moneda electoral en la que se convierten los inmigrantes. Nadie se acuerda de ellos salvo para culparles del aumento de los delitos; eso sí, el olor a urna despierta todo tipo de gangas. Espe les quiere dar el voto cuando durante años no les ha dado ni la voz, CiU les ofrece el paraíso siempre que lo pidan 'sis plau' y todos elogian su contribución a la riqueza nacional de la que, por cierto, se llevan una misérrima parte.

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