17/10/2006.- A Franco le aburría Hitler. Ya fuera por su supina ignorancia del alemán o porque las batallitas de don Adolfo se le antojaban tediosas, ahora, muchos años después, se ha descubierto el pastel. Al Caudillo le entró la modorra en Hendaya y dio una cabezadita. Como no podía esperarse menos de un ser extraordinario fue capaz de hacerlo mientras caminaba. Otro mérito más que añadir a su impecable currículo de asesino implacable y nauseabundo tirano.
Claro que la cumbre, un sustantivo algo paradójico estando la estatura de don Paco por medio, tuvo que ser de aúpa. La conversación entre el par de dos sublime ¿Tú cómo matas a los tuyos? Ah, ¿los horneas? Mira, yo no lo he probado, pero no está mal. Me han dicho que tú eres más de judios. Yo no, allí estamos especializados en comunistas, te lo recomiendo. No veas cómo gritan cuando los torturamos. Y así hasta que Franco humilló y se quedó medio sobado.
Sin embargo, el trucaje de la instantánea original y la que finalmente el mundo pudo contemplar demuestra que eso de que estábamos a años luz de Europa era una patraña. Pioneros del 'fotochop' y todo que fuimos. En versión recorta y pega, pero pioneros. Que Franco salía retratado durante su racial siesta. No problem. Se buscaba una cabecilla del dictador que estuviera bien despierta dentro de sus limitaciones, se regaba de pegamín y se colocaba con mimo sobre la cabeza desatenta.
Le debieron coger gustillo a estos collages históricos ya que enviaron otra en que se veía a Adolfo y Paco en el andén de la estación tipo Casablanca, pero en vertiente ferroviaria. Tampoco era verdad. Adhirieron sus gallardas siluetas para dar la impresión de que charlaban en la estación amigablemente como dos colegiales antes de partir al viaje fin de curso. Adolfo y Paco. Dos grandes tipos. Dos de los culpables de mi innegociable amor a los animales.
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