13/10/2006.- Son ellos no hay duda. Su murga no conoce fronteras. No contentos con interrumpir la ingesta de caldos y productos de la tierra con su tabarra en cualquier boda, bautizo o comunión, han aterrizado en la mismísima India. Mucho peor, no es que vayan ellos, es que los exportamos nosotros como si fuese un producto de calidad equiparable al jamón de pata negra ¿Qué nos han hecho los paisanos de Gandhi? ¿No es mejor, si queremos romper relaciones diplomáticas con ellos, que les invadamos el Taj Mahal a que los llevemos a estos individuos para que les den la turra con la bandurria y la pandereta?
¿Qué culpa tienen esos dos operarios con aspecto de Aladinos todo a cien para tener que forzar una sonrisa después de haber tenido que soportar lo triste y sola que se queda la tal Fonseca? ¿Qué coño les importa a ellos el estado existencial de Fonseca? Si no me importa ni a mí. La Embajada de España, a la vanguardia de la cultura patria, ha pensado que no había nada mejor para promocionar los vinos de Valladolid que llevarse en el equipaje a estos brasas (no quiero ofender a estos en concreto, es extrapolable al colectivo).
Como pueden observar, la fisonomía de algunos de los tunos confirma mi teoría. Muchos de ellos llevan repitiendo curso desde que echaron de la Universidad a Tierno, Aranguren y García Calvo y más de uno fue testigo directo del 'decíamos ayer' de Fray Luis de León cuando regresó a las aulas de Salamanca. Los indios, pueblo espiritual donde los haya, se habrán quedado a cuadros con la contemplación de estos elementos meciéndose con sus calzas y su capa de un lado a otro mientras entonan el 'Clavelitos'.
Después de oírlos más de uno se habrá tirado al Ganges vivito y coleando. Espero que el agregado cultural de la embajada no les haya presentado como el último grito en música étnica y venga el Peter Gabriel a colocarlos en el próximo Womad. Espero asimismo que la innegable calidad de los vinos vallisoletanos haya obrado el milagro de achispar a los presentes, especialmente al traductor/a, y así, medio adormecidos por el zumo de uva, se les haya eximido de comprender las transgresoras letras de sus melodías. "Clavelitos, claveeeliiitooosss, claaaaaveeeeliiitos de mi corazón, yo te traigo clavelitos colorados igual que un fresón". Qué infierno.
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