26/09/2006.- Acabo de cancelar el plan de pensiones. No quiero ni oír a hablar de desgravar a Hacienda. Yo quiero pagar como el primero, soltar la mosca a escote para la educación y el sustento de todos los infantes, infantas, hijos, hijísimos, consortes, yernos, cuñados, abuelos y demás figurantes de la estirpe real. Yo también felicito a los Príncipes de Asturias. Tan majos. Tan campechanos. Buena gente. Ya he perdido la cuenta de los que posan en la foto, a este paso se la harán la próxima vez en el Bernabéu, pero con lo que costó casar a Felipe su nueva paternidad no puede por menos que congratularnos a todos.
De hecho, no sé qué hace usted pensando en si le van a subir la hipoteca o el pico que se ha dejado en los libros de texto. Lo tiene fácil. Sea usted rey, infanta, reina o, por lo menos, haber presentado un informativo o haber jugado al balonmano. Lo de Marichalar me cuesta más la verdad, ¿qué hacía este hombre? Es más, ¿qué hace? La buena nueva ha conmovido de nuevo los cimientos de la sociedad ¿Hay que cambiar la Constitución? ¿Debe la pequeña Leo ser la reina? (ya saben que Leo siempre será mi reina, pero no ésta, claro) ¿Debe hacerse ya la reforma? ¿Sí? ¿No? ¿Medio pensionista? Qué desazón. De lo flaca que estaba la antigua Leti a su embarazo, de su presunta mala leche a los chistes que le contaba a Sabina según dice el cantautor canalla en sus memorias (al parecer la están crucificando por ello en los 'cuore program', no sé el chiste, pero prometo enterarme).
Esta muchacha vale un potosí ¿Qué pasaría si, Dios no quiera, harta del mundanal ruido se metiera a monja de clausura? ¿De qué vivirían los sagaces investigadores con la Jurado fallecida y Cachuli en el trullo? Nunca faltará la carnaza. No lo duden. Este repaso al panorama informativo de esta nuestra patria bien pudiera hacer pensar que los inmigrantes ya llegan a Canarias en yate tipo Paco el Pocero o que hay plazas de guardería para todos los niños o que los contratos de los jóvenes con inmaculados o que la vivienda se ha puesto a precio de tienda de campaña canadiense.
En suma, ahora nuestra preocupación será sólo si Leti sale o no a cenar, si marca o no tripita, si tiene un amago de vahído, algún antojito, si el Príncipe está contento con su próxima paternidad (qué pregunta tan complicada) o si hay pensado ya algún nombre. Qué alivio. Vivir en semejante paraíso y yo sin saberlo.
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