Un poquito de clase

Publicado el 8 de marzo de 2026, 8:00

25/09/2006.- Si alguien pensaba que el mito del galán italiano, del latin lover seguía en pie que lo olvide. Una vez retirado quien suscribe, es decir yo, el trono ha quedado vacío y sin descendencia. No pido la reencarnación del espíritu de Romeo ni exijo que se llegue a mi categoría de seductor, no pido imposibles, pero sí un poquito de clase por favor. En Italia un juez ha dado la razón a un exnovio que solicitaba la devolución de los objetos que había regalado a su antigua churri durante su relación.

Es decir que, para empezar, el tipo confunde a quien fuera su mujer con El Corte Inglés en el que no compras porque te guste sino porque te devuelven todo. Ya es mezquina la denuncia, aunque nada novedosa. Un colega del barrio fue pionero en estas lides y, dada su agitada vida sentimental, con un solo anillo le bastó para cumplimentar un envidiable currículo.

En las últimas relaciones, dado el deterioro de la joya por tanto traqueteo y su pésima calidad consustancial, argumentaba que era una pieza antigua de su abuela. Pues colaba. Aquí no acaba el sonrojo para la muchacha. Al parecer, los juguetitos no se limitaban a un osito de peluche o a una medalla del 'hoy te quiero más que ayer pero menos que mañana' (qué cita tan escalofriante) sino que la pareja gustaba de aplicar aquella máxima parisina de 'la imaginación al poder' con una leve variación semántica. De tal guisa quedaría del modo 'la imaginación al joder' y así tenía la casa como el trastero de un sex shop.

Solo dibujar en la mente la llegada de los agentes judiciales para dar cumplimiento a la sentencia estremece. Los vecinos asomando la nariz entre las cortinas, dos tipos circunspectos que entran en la casa con un maletín y salen, habida cuenta de la cantidad de utensilios que ya no les caben en las manos, con una pollita de diadema en la frente cual original despedida de soltera. Vibradores de todas las texturas y materiales, bolitas chinas, carretes filipinos, desmayos entre las ancianas al ver el arsenal de vicio que atesoraba esa vecina que parecía tan normal.

Eso no se hace amigo, eso no se hace. No sólo por decencia y dignidad, no sólo por no ser un cutre y un caspas y un vengativo (o sea, se queda sola y se lo quitas cuando acaso más los necesite) sino por higiene amiguete, por higiene. No sé, pero lo dudo, si tu próxima pareja, si la encuentras después de trascender esta zafiedad, aceptará de regalo un consolador sin envolver o sin etiqueta. Sobre ti siempre pesará la sospecha no sólo de que eres un ruin sino de que eres un guarro. Tu verás.

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