27/10/2006.- No sólo han salido del armario. Desde selvas ignotas, arbustos frondosos, sabanas africanas, jaulas de diseño, desde zoos, desde allende el fondo de los océanos e incluso de debajo de las piedras han salido cientos de animales a decir que ya está bien. Que son gays y están encantados de serlo. Muy bien. Una exposición que se exhibe en Oslo recoge los 'affaires' subidos de tono de mil quinientos bichos que se lo montan con sus colegas sin necesidad de cuarto oscuro ni de escuchar en el ipod a los Village People o a Mónica Naranjo. Después de esta revelación vamos a poder celebrar el Día del Orgullo a la vez que el cumpleaños de Noé al grito de 'quien maneja mi arca quien'.
Hay casos que doy por buenos habida cuenta de la confianza ciega que tengo en los científicos, pero no me digan que, por ejemplo, entre un pulpo y una pulpa no es normal que uno no sepa qué agujero es trinchera. Otra cosa son los simios que son más viciosillos y que, puestos al revolcón, prefieren el tumulto a la selección. Los estudios de estos tipos (qué sería de mí sin sus sesudos trabajos) se remontan a la Antigüedad ya que el propio Aristóteles fue testigo de episodios de lesbianismo entre hienas.
Es tan inverosímil que debe ser hasta verdad, aunque no sé qué coño hacía Aristóteles que no estaba filosofando ni tampoco sabía que debajo del Partenón hubiese hienas salvo que la visión del apareamiento fuera en un viaje fin de carrera. Las hipótesis apuntan a que los arreones con el prójimo del mismo sexo obedecen en buena parte a la proximidad. Es decir, pura vaguería, un aspecto en que las diferencias con los humanos no son, ni mucho menos, insalvables.
Como tampoco cuando se asegura que copulan porque les mola y les da gustillo. Pues claro. Si hubiera que levantarse a las seis y picar una zanja pues no lo haríamos por lo menos de manera voluntaria. Así y todo, hay veces que cuesta ponerse. Eso sí, que lo hagan entre ellos, porque basta ver a las jirafas africanas dotadas de su singular tranco para desear que, por lo menos con uno de pareja, no les dé por la zoofilia. Por cierto, las jirafas están en la 'champions' de la homosexualidad animal, aunque son unas aficionadas si las comparamos con las cacatúas rosas.
Los científicos dicen que el 44% de ellas se lo montan con otra cacatúa. De hecho, nunca he oído que existan cacatúos. No sé con qué cara mirará desde ahora Rouco Varela a su canario. Todo sea que sospeche de él y le diseque para evitarle la tentación. Lo que sí me gustaría es ver la cara del monstrenco del bar de Sevilla que amenazó con una barra a una pareja homosexual por besarse si en vez de dos chavales hubiesen sido dos leones. Pues oye que nada, que si queréis bodas ya sabéis que aquí, pese a algunos cavernícolas, las oficiamos. Para mayor eficacia venid en manada.
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