26/10/2006.- Los científicos están desatados. Los monos se les quedan ya pequeños para sus experimentos y teorías y ahora se han fijado en las abejas. Ya saben que cuando estos tipos se fijan no es como si usted o yo nos fijamos en un/una churri de buen ver o en unos zapatos muy chulis. Qué va. Ellos son capaces de estar años mirando por un microscopio a un bicharraco para saber si tiene estudios o le gusta el fútbol. A la mayoría de nosotros nos puede parecer una pérdida de tiempo, pero a saber qué pensarían de mí viendo a la María Pestiño despotricar a vena abierta.
Sólo así, con paciencia y conocimiento, podemos saber que las abejas son la hostia. Bueno, igual la definición es asaz sintética pero elocuente. Por ejemplo, una abeja tiene diez mil genes. No sé muy bien qué es eso, pero sólo pensar que en un ser tan pequeño entren tal número de cosas me asombra. Hoy se presenta el último estudio sobre el genoma de la abeja. El anterior se encontró hace siete mil años en una cueva o sea que tiempo han tenido para no defraudarnos. Mucho peor que las oposiciones a notario. De momento dicen que la colmena es una sociedad muy compleja.
A saber, la reina vive hasta dos años y ponen dos mil huevos mientras se toca los ídem y la abeja obrera vive diez veces menos sin descendencia ¿qué tiene de complejo? ¿no nos suena? La reina no hace nada más que probar la calidad de la miel y el lumpem proletariado abejil curra como cabrones ¿Y? Sigamos. El cerebro de una abeja tiene una neurona por cada cien mil de las nuestras. Ni siquiera sabía que tuvieran cerebro ¿dónde lo meten? Luego nos asombramos de la tecnología japonesa y sus relojes extraplanos. Claro que las cifras pueden llamar a engaño.
Una cosa es tener cien mil neuronas por centímetro cuadrado y otra bien distinta utilizarlas para algo que no sea elegir entre carne o pescado. Las obreras viven menos, curran más, no son madres pero, para compensar, la sabia naturaleza les dota de mayor inteligencia que a sus monarcas. Seguimos sin novedades. El estudio asegura que no sólo aprende a identificar las flores por el olor, el color y la forma (de hecho, el Padre Mundina adquirió sus conocimientos viendo La Abeja Maya), sino que, con una adecuada instrucción, pueden manejar conceptos como mismo y diferente.
No se especifica cuál es esa instrucción, aunque es fácil pensar que se trata de programar Barrio Sésamo a la hora del bocadillo para que las abejas currelas distingan grande o pequeño o blanco de negro. Si creen que aquí acaban las cualidades de las abejas (no dirán, les voy a ahorrar el trabajo de ver los documentales de la 2 para negar luego que ven lo que ven) se equivocan. Si son listas una a una no vean a qué límites llegan en la colmena. Esto que les voy a relatar a continuación no lo entiendo, pero he percibido que está escrito con gran pasión y, en consecuencia, debe ser lo más mollar.
La colmena se comporta como un termostato gracias a que cada individuo se agobia de calor a una temperatura diferente ¿Y nosotros no? A ver si estoy pagando aire acondicionado como un gilipollas y lo que tenía que haber hecho es quitar la muñeca legionaria de encima de la tele y hacer colocado una colmena. Se mantiene sola, no gasta luz y además si tienes catarro no tienes ni que bajar a por la miel ¿No es bonito que, de manera altruista, yo les instruya en tanto se zampan un montado de panceta o se acicalan las uñas? Pa' eso estamos.
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