Gallinero hormonal

Publicado el 15 de marzo de 2026, 10:22

06/08/2006.-Estos cacharros del MP3 tienen revuelto el gallinero hormonal de los adolescentes. Es escuchar alguna coplilla de la Christina Aguilera o de Britney Spears con letras de mercurio subido y los chavales y chavalas se ponen borricotes/as. Estas conclusiones se extraen, cómo no, de uno de esos estudios que tanto proliferan en verano en los medios de comunicación para tapar los huecos que deja la publicidad. Algún día podrían elaborar un estudio de las razones por las que se hacen estudios tan chorras; claro que yo no me quejo porque me sirven para echar el rato.

Hace un par de días leía que otro informe aseguraba que la cerveza era lo mejor de lo mejor y que la tripita cervecera se debía a un gen y no a la ingesta de cañas. El sesudo análisis lo pagaba la Asociación de Cerveceros de ahí su gran fiabilidad. Me recuerdan a mi madre. Mamá, estos filetes están duros. Pues me ha dicho el carnicero que son muy buenos. Vale mamá, entonces me callo porque nadie como él para saberlo. En fin, a lo que íbamos.

El estudio concluye que las criaturitas de acné en flor escuchan estrofas tales como "si quieres liarte conmigo, tienes que pagar un precio, soy el genio de la botella, frótame bien" o del calibre de "hace tanto calor, necesito aire, oh, chico no pares que estoy a mitad de caminos, no es complicado, estamos sincopados, dos cuerpos sincronizados" y, lo dicho, se ponen berracos que decía un intelectual de mi barrio. Lo de menos es la poesía, lo que trae de cabeza a los sexólogos es que oyen lo del 'frótame' de la Aguilera o el 'no pares' de la Spears y los chavales se ponen al tajo.

Qué envidia. Y yo con el 'tigres, leones' y no sé qué de campeones del entrañable Torrebruno, y eso ya no tan niño. O con la inimitable María Ostiz. 'Un pueblo es, un pueblo es, un pueblo es, una ventana en la mañana y respirar'. Poner, la verdad, no pone mucho, para qué engañarnos. Ya era en la época en la que echábamos aspirina en la coca cola porque alguien había oído que resultaba una fórmula infalible para la líbido.

Nunca supe de la ineptitud del científico que lo aconsejaba; acaso fuese el profesor Bacterio. Así hemos salido, con la pulguita del cuplé, con los dobles sentidos y las insinuaciones y las consecuentes pérdidas de tiempo. Que si un restaurante con velitas, que si una copita de champán, que si quedamos otro día.

Y luego a casa mientras los chavales que podrían ser nuestros hijos escuchan un estribillo y se ponen a fornicar. Eso sí amiguetes, el retozo es bueno y placentero, pero siempre con precauciones. Mirad el ejemplo de Cleto rogando por una vasectomía. Mejor gastar en un condón que en dos huevos Kinder. Háganme caso.

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