25/07/2006.- Perdóname Joaquín, pero al final mi timidez venció a mi reverencial admiración por tu arte. Ayer noche, en el patio del Conde Duque, nos cruzamos por un instante y perdí la ocasión de resarcirte de manera humilde por el vilipendio con el que obsequia tu patria. A punto estuve de hincarme de hinojos, abrirme la camisa para que tatuaras en mi pecho tu firma y que algún alma caritativa nos hiciera una foto con el móvil para luego pasarla a óleo o, mejor, encargar un bajorrelieve de escayola tamaño Guernica y ponerlo en el salón de casa.
Te duele España, Joaquín. Como a Unamuno y, sin duda, don Miguel bailaba mucho peor que tú. Has vuelto a la tierra que te vio nacer y crecer herido por lo que consideras una admiración pacata de tus compatriotas a tu inmenso talento. Dices que tienes que salir fuera de los Pirineos para que te reconozcan. No hombre, no. Yo creo, si me permites la osadía, que exageras algo. Aquí también te reconocemos ¿Tú no bailas? Lo ves. Claro que tú tampoco me conociste a mí y yo también tengo lo mío, pero me quejo menos. Mi madre atesora hasta una docena o más de recortes de prensa, incluso de provincias, sobre mi novela y guarda hasta dos 'deuvedés' con sendas entrevistas en programas de cultura de esos de culto.
Bueno, más bien de 'ocultos', es decir, de esos que te emiten a las dos de la madrugada de un martes y no te ve ni el tato. Sin embargo, yo soy de natural humilde y además odiaría que alguien metiese las narices entre los granos de mi paella para decirme 'Oye, ¿tú no eres el escritor ese a quien no conoce ni Dios, pero al que ví un día en la tele que volvía de pedo con los colegas? No, amigo, no soy 'el' escritor, soy uno más y seguramente peor que la mayoría, aunque, que quiere que le diga, me siento un privilegiado.
Será, amigo Joaquín, porque lo considero un oficio de lujo como tú deberías considerar el tuyo. Un oficio porque arte, lo que se dice arte, es que un anciano llegue a fin de mes con una pensión de trescientos euros o que una pareja de novios junte poco más de mil euros entre los dos y se pueda comprar un piso.
Lo nuestro, vivir de hacer lo que nos gusta, es, ya lo he dicho, un privilegio del que deberíamos dar gracias cada día y eso que yo ni me he hecho millonario ni es una de mis principales ambiciones. A tí mal no te ha ido pillín y no pongo en duda que lo merezcas, pero vamos amiguete, sin acritud ni mal rollo, tus lamentos suenan a recochineo. Si has salido con unas churris de escándalo y has bailado hasta delante del tío George en los eeuu ¿te parece poca recompensa haber tenido la oportunidad de ofrecer tu arte a ese prohombre?
De todos modos, que por nosotros no quede. Si la próxima vez que regreses nos avisas a tiempo allí nos tienes en Barajas con la alfombra roja al hombro y un canastillo con pétalos de rosa para lanzarlos a tu paso porque creo que con ello haríamos un acto de justicia ya que no puedo pensar que tus quejas tengan algo que ver con tu vanidad ¿Verdad que no?
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