El consejero de Presidencia de la Comunidad de Madrid, Miguel Ángel Martín.
25/03/2026.- A Churchill, a quién si no, se le atribuye la cita que viene a concluir que si de joven no eres de izquierdas no tienes corazón y que si de viejo no eres de derechas no tienes cerebro. Acaso por aquello del ‘Spain is different’, aquel slogan turístico que se acuñara en el franquismo con Fraga de ministro de Turismo, viene a ser al contrario. Cómo será la cosa que hasta se añora el ‘temple’ de don Manuel. Uno, ya en una edad de tratar de tú y por su nombre de pila a su urólogo y estar tentado de echarse una partidita de petanca, fue hijo de su tiempo.
Eso, valga el ejemplo, significa que, con quince años, la misma edad que tenía el amor del Dúo Dinámico, estaba en un mitin del PCE -recién legalizado- en el cine Europa de Bravo Murillo. Allí escuché por primera vez, con una emoción difícilmente repetible, la voz del poeta Rafael Alberti, el ardor dialéctico de Pasionaria pese a su avanzada edad, a Enrique Líster y, por supuesto, a Santiago Carrillo.
Era tal el entusiasmo de aquel mocoso adolescente, provisto del llavero del partido que había comprado a escondidas en la sede de la calle Ofelia Nieto, que, en una edad más propia para despedirse de sus últimas canicas, hubiera defendido con vehemencia la dictadura del proletariado. Luego ya me enteraría de qué era eso.
Lo cierto era que ese mitin era consecuencia de todo lo contrario. Se había acabado otra dictadura y, aunque no la viví en toda su crueldad, que fue mucha, acaso sembró el embrión de un principio fundamental en mi vida: detesto los autoritarismos sin distinción, vengan de donde vengan ya sea Oriente o el Caribe. Me repugna la imposición por la fuerza, el abuso, la humillación al adversario que no debería ser enemigo por discrepar en el pensamiento.
Como es obvio, a esta aversión estructural no escapa otra dictadura que sí viví de manera más que consciente. Me refiero a la de ETA. Aquellos ‘años del plomo’ en los que, prácticamente a diario, te desayunabas con una nueva atrocidad deberían ser más que suficientes para que la disolución de la banda terrorista fuese una celebración constante por parte de la sociedad española. Que ETA sea pasado es lo mejor que le ha ocurrido a este país en su historia reciente.
Cuando, lejos de admitirlo, siembras el odio para extraer réditos electorales sobre los cadáveres y la memoria de tantos ciudadanos de bien eres un miserable sin paliativos, ni, al parecer, límites. Por eso, y retorno al principio y al amigo Churchill (que vale igual para un roto que para un descosido), estoy en la senda de hacerme viejo, pero no de hacerme de derechas por mucho que lo intentara.
No con una derecha así. Con una derecha que organiza en los colegios mayores jornadas para vender el mensaje de que ETA es presente cuando en mayo se cumplirán ocho años del cese de sus asesinatos. Y todo para mantener viva la llama de ese odio del que han hecho bandera, esas que tanto les gusta exhibir con los colores de España en Colón, aunque luego eso de pagar impuestos sea un robo. Con estos patriotas basta saber en qué acera se colocan para estar justo en la de enfrente.
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