14/03/2026.- Aquel anuncio vintage del ‘si no hay Casera nos vamos’ ha vivido un remake en versión, paradójicamente, educativa. La consejera madrileña del ramo, que se decía antes, ha declinado ir a un acto escolar al enterarse de que no podían entrar las cámaras para inmortalizar tan histórico momento. Es decir, si no hay Telemadrid, no vamos.
Que una tipa, y nada que matizar en un calificativo ganado a pulso, de nombre Mercedes Zarzalejo, renuncie a cumplir con su obligación si no hay un plano que echarse a la jeró da un asco superlativo. Nada nuevo, por otra parte, en la pandi de Ayuso con el comandante MAR a la cabeza.
La mayoría de los padres y madres negaron el permiso para que sus hijos, los verdaderos protagonistas de la función y no una consejera maleducada que rige la Educación madrileña (a ver quién lo supera), fueran grabados. Esa decisión mayoritaria fue razón suficiente para que al alumnado le zurcieran y para que los asesores de la consejera se ahorraran una reunión de urgencia para debatir la combinación de colores del traje chaqueta para salir en ese Cine Exin particular que les costeamos los madrileños.
En esto, para variar, sé de qué hablo. Durante más de veinte años me dediqué a estos menesteres y doy fe que, en algunos debates electorales, se emplea más tiempo en elegir una corbata que en proponer cómo paliar el problema de la vivienda.
Con todo, lo más desolador no es tanto una actitud impresentable que, por fuerza de los hechos de este gobierno, se da por descontada. Lo que invita a una ronda más de desesperanza es que estas tropelías no descuentan ni un voto incluido, me temo, más de uno y de dos de los que depositarán en la urna las madres o padres hoy cabreados con un arsenal de motivos.
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