Ay Felipe de mi vida

Publicado el 13 de febrero de 2026, 11:24

Tenía en mi habitación un póster de Felipe, fui una de ese medio millón de personas (sí, medio millón, según las crónicas y doy fe de ello) que estuvo en el mitin de cierre del 82 en Ciudad Universitaria, voté (lo hacía por primera vez) por el cambio y me emocioné con esa mítica foto de Felipe y Alfonso en la ventana del Palace celebrando el triunfo. Es decir, todos tenemos un pasado. De aquella ilusión política me queda entre nada y menos que nada como a Felipe de su progresismo por mucha teoría que esgrima en sus conferencias, muchas de ellas imagino que muy bien remuneradas.

En su derecho está el señor Urquizu de hacer en El PAÍS un panegírico excelso de la figura del González de ayer, pero el de hoy se ha dedicado desde el minuto cero a poner palos en las ruedas de Sánchez. Claro que el actual presidente ha cometido errores, pero comparar cómo se gobierna con 202 diputados a cómo se puede hacer lejos de una mayoría absoluta es tramposo y taimado. Por supuesto que Felipe es libre de hablar como lo es de navegar en veleros con un buen puro en la boca.

Tanto como los demás de decir que -al menos al prejubileta de hoy que ayer fue un veinteañero ilusionado por el cambio- le parece altamente impresentable que blanquee a VOX, fascismo puro, en detrimento de una formación a la que todos, incluida la derecha, querían en las instituciones cuando los asesinos de ETA sembraban el terror en este país.

Por suerte, ETA es historia, terrible y sangrienta historia, y Bildu está donde se le pedía ejerciendo dentro de un sistema democrático que VOX quiere dinamitar. Esa es hoy la diferencia.

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