10/03/2026.- En pocos días han muerto dos escritores tan distintos como relevantes han sido en mi vocación lectora. Lobo Antunes, el narrador más deslumbrante, y hoy Bryce Echenique, sin duda uno de los que más me han divertido sin, por ello, minusvalorar su calidad literaria.
Ya sea sabe que la risa, como si fuera fácil provocarla a través de la escritura, no está muy bien vista en ambientes culturetas y circunspectos. Pasa con la comedia en el cine y creo que aún más en la narrativa a excepción del mundo british.
Sin duda, el personaje de Martín Romaña está en la historia de la literatura hispanoamericana por derecho propio. Conocí la obra de Bryce Echenique por recomendación de un compañero de la facultad, Cristóbal Ruíz, que, tristemente, ya nos dejó con el orgullo, eso sí, de haberse llevado un Goya como guionista.
Devoré la vida exagerada de Martín Romaña como lo hice con ese hombre que hablaba de Octavia de Cádiz o con su mundo para Julius. Por ahí andan desperdigadas por los estantes, pero muy unidas en mis recuerdos.
Bryce, hombre poco dado al mosto y los refrescos, era todo un personaje. Se intuía en su universo literario y tuve la suerte de comprobarlo en una charla en El Escorial con motivo de sus cursos de verano.
Nos hizo reír sin piedad y, por si fuera poco, remató ese inolvidable encuentro narrando un imaginario partido de fútbol de equipos peruanos. Lo bordó casi tanto como esas novelas que, por derecho propio, siempre estarán en un lugar privilegiado de mi memoria. Descanse en paz.
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