13/03/2026.- Por suerte, y pese al temor genético de un hijo que no conoció a su padre con pelo, he conservado matojo capilar llegado a esta década de los sesenta tan prodigiosa para el pop y tan jodida para los achaques.
Por tanto, no tengo en mente trasplante alguno en Turquía, aunque confieso que este nuevo descubrimiento científico me fascina tanto como me inquieta. Al parecer, si te cambian tus mojones por los de alguien relevante puedes adquirir algunas de sus características. En concreto, el ciclista Pogacar, un fenómeno de la ruta, ha sido el referente elegido.
En síntesis, más grosera que científica, sí te cambias con él las boñigas puedes subir el Alpe d’Huez hasta en bici estática mientras te limas las uñas. Sin profundizar en el estudio, por falta de fundamento y de ganas, quiero suponer que igual que vale para Pogacar también es aplicable a otros mitos que tienen en la fuerza muscular uno de los pilares de su vida.
Aunque dé bastante asquito pensar cómo se articularía el escatológico trasplante, así a bote pronto, igual yo, de arriesgarme, lo haría por un intercambio con Nacho Vidal. Puesto a esforzarme, mejor en su disciplina, aunque me haga falta un tutorial para refrescar la memoria, que en subir en bici un puerto para luego bajar. Qué necesidad.
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